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La mejor religión

¿Cuál es la mejor religión?
Nací en el seno de una familia cristiana; me educaron desde niño en la religión cristiana (Iglesia Católica). Es lo que ha sucedido con millones de seres. Es lógico. Agradezco a mis padres, a mis antepasados esta herencia. Yo creo en el Dios de Abrahám, de Isaac, de Jacob, de mis antepasados. Doy gracias a Dios por ello.
Si hubiera nacido en Japón, quizás sería budista. Y si hubiera nacido en la India, hindú. Si hubiera nacido en Túnez, quizás musulmán. Si hubiera nacido en Noruega o en Suecia, quizás fuera cristiano protestante. Y si hubiera nacido en Israel, judío.

Encuentro por la paz. Asís (Italia). 2012

No hace mucho en una mesa redonda, sobre “Religión y Paz” entre los pueblos, en la cual participaba el Dalai Lama, le preguntaron: “Santidad, ¿cuál es la mejor religión?
Quizás se esperaba que dijera el budismo tibetano o alguna de las religiones orientales (tan antiguas). Pero el Dalai Lama después de un instante, sonrió y mirando fijamente a los ojos, dijo:
La mejor religión es la que te aproxima más a Dios, al infinito. Es aquella que te hace mejor.
Una segunda pregunta fue: Y ¿qué es lo que me hace mejor?
El Dalai Lama respondió: Aquello que te hace más compasivo, más sensible, más desapegado, más amoroso, más humanitario, más responsable, más ético… La religión que consiga hacer eso de tí, ésa es la mejor religión.

Dalai Lama

Comentario:
Sabia respuesta la del Dalai Lama. La religión es importante. El tener religión es importante. Pero lo que me interesa y me importa mucho, es la conducta delante de tu semejante, de tu familia, de tu comunidad, de tu trabajo, delante del mundo.
Porque ¡atiende!, el Universo es el eco de nuestras acciones y de nuestros pensamientos. La ley de acción y de reacción no es exclusiva de la física. Por supuesto que tiene también que ver con las relaciones humanas.
Si yo hago el bien, recibiré el bien. Y si hago el mal, recibiré el mal…
Conseguirás el doble de lo que desees a los otros. Ser feliz no es cuestión de destino, es cuestión de elección. “Mayor felicidad hay en dar que en recibir…” (Act.20,35b).
Cuida tus pensamientos porque se volverán palabras.
Cuida tus palabras porque se volverán actos.
Cuida tus actos porque se harán costumbre.
Cuida tus costumbres porque forjarán tu carácter.
Cuida tu carácter porque formará tu destino.
Y tu destino será tu vida.

No hay religión más elevada que la verdad. La verdad que te llevará a la belleza y al bien. Buscar la verdad, la belleza y el bien es encontrarse con Dios. Todos somos un potencial de bien que por creación hemos recibido. Hemos de actuar siempre con el bien y consecuentemente recibiremos bienes. Lo verdaderamente importante no es lo exterior, no son determinadas normas, ritos o disciplinas religiosas, eso es secundario; lo verdaderamente importante de la fe es lo que se produce en el interior de nosotros mismos.

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La cruz símbolo de concordia y perdón

El Estado es aconfesional, y todo lo que tiene que ver con su organización y acción política así lo es. Es decir, es neutral, desde el punto de vista de las religiones y las cosmovisiones; pero la sociedad civil es libre para ser “lo quiera ser” en su pluralidad de ideas e iniciativas, religiosas o no.
Todos somos sociedad civil. Las Iglesias también son sociedad civil. Cualquiera en la sociedad civil tiene derecho a defender democráticamente lo que considera bueno para la sociedad. El cauce democrático dirá si es posible y cuándo.
Las religiones, tienen derecho a una presencia pública, en la vida civil, y a desarrollar iniciativas en todos los sectores, como los demás ciudadanos. Sigue leyendo

Oración

En lo ajetreado de nuestros días, frecuentemente olvidamos elevar una plegaria al Señor, sin embargo no olvidamos tomar el móvil, enviar mensajes, etc.
Por esta razón, te invito a que envíes este mensaje… hagas esta oración para nuestro Dios…
Es un momento.

Dios mío…

Ayúdame a decir siempre la verdad y si acaso, con más fuerza en la cara de los fuertes, y a no mentir para conseguir el aplauso de los débiles.
Si me das dinero, no tomes mi felicidad. Y si me das fuerzas, no quites mi raciocinio. Si me das éxito no me quites la humildad

Ayúdame a conocer la otra cara de la imagen, y no me dejes acusar a mis adversarios, tachándoles de traidores porque no comparten mi criterio.
Enséñame a amar a los demás como me amo a mí mismo, y a juzgarme como lo hago con los demás.
No me dejes vanagloriarme con el éxito cuando lo logre, ni desesperarme si fracaso.
Más bien, hazme siempre recordar que el fracaso es la prueba que antecede al éxito.
Enséñame…que la tolerancia es el más alto grado de la fuerza y que el deseo de venganza es la primera manifestación de la debilidad.
Si me despojas del dinero, déjame la esperanza…y si me despojas del éxito, déjame la fuerza de voluntad para poder vencer el fracaso.
Si me despojas del don de la salud déjame la gracia de la fe.
Si hago daño a la gente, dame la fuerza de la disculpa, y si la gente me hace daño, dame la fuerza del perdón y la clemencia.
Dios mio…si te olvido ¡no me olvides! Amén

Los Reyes Magos y la Ciencia

Bellas y sabias palabras de Benedicto XVI
La ciencia por sí misma no es suficiente para comprender la realidad y se requiere la unidad entre “inteligencia y fe, ciencia y revelación”, las “dos luces” que guiaron a los Reyes Magos.

Es necesaria una ciencia que no sea “autosuficiente”, sino que esté abierta a “ulteriores revelaciones.

Llegados a Jerusalén, los Magos necesitaron de las indicaciones de los sacerdotes y de los escribas para conocer exactamente el lugar al cual dirigirse, es decir, Belén, la ciudad de David. La estrella y las Sagradas Escrituras fueron las dos luces que guiaron el camino de los Magos, los cuales aparecen como modelos de auténticos buscadores de la verdad.

Los Magos eran hombres de ciencia en un sentido amplio, que observaban el cosmos considerándolo un gran libro lleno de signos y mensajes divinos para el hombre. Su saber, por lo tanto, lejos de considerarse autosuficiente, estaba abierto a ulteriores revelaciones.

Los Magos escucharon las profecías y las acogieron. Y apenas se pusieron en camino rumbo a Belén, vieron nuevamente la estrella, casi como una confirmación de la perfecta armonía entre la investigación humana y la Verdad divina, una armonía que llenó de alegría sus corazones de sabios auténticos. La culminación de su itinerario de búsqueda llegó cuando se encontraron ante el niño con su madre María y como dice el Evangelio, se arrodillaron.
Podrían haberse sentido desilusionados, incluso escandalizados, en cambio, como verdaderos sabios estuvieron abiertos al misterio que se manifiesta de manera sorprendente y con sus regalos simbólicos demostraron reconocer en Jesús al Rey y al Hijo de Dios.