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Epifanía, Reyes Magos, la estrella de Oriente

EPIFANÍA
Epifanía significa “manifestación”. Jesús se da a conocer.
La Iglesia celebra como epifanías tres eventos:
Su Epifanía ante los Reyes Magos (Mt 2, 1-12)
Su Epifanía a San Juan Bautista en el Jordán.
Su Epifanía a sus discípulos y comienzo de Su vida pública con el milagro en Caná.
La Epifanía que más celebramos en la Navidad es la primera: los Reyes Magos (Mt 2, 1-12)
La fiesta de la Epifanía tiene su origen en la Iglesia de Oriente.Al igual que la fiesta de Navidad en occidente, la Epifanía nace contemporáneamente en Oriente como respuesta de la Iglesia a la celebración solar pagana que tratan de sustituir. Así se explica que la Epifanía se llama en oriente: Hagia phota, es decir, la santa luz.
LA ESTRELLA DE ORIENTE
La estrella de Oriente se menciona en el evangelio de San Mateo. Unos magos preguntan en Jerusalén:
“Dónde está el Rey de los Judíos que ha nacido? Porque vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle” (Mt 2,2).
La exégesis moderna se ha preguntado qué fenómeno natural pudo ocurrir en el firmamento que fuera interpretado por los hombres de aquel tiempo como extraordinario.
Kepler (s. XVII) habló de una estrella nueva, una supernova. El 17 de diciembre de 1603, Johannes Kepler, astrónomo y matemático de la corte del emperador Rodolfo II de Habsburgo, hizo cálculos hasta descubrir que una conjunción de este tipo tuvo lugar en el año 7 a.C. 2)
Kepler llamó la atención sobre una conjunción planetaria de Júpiter y Saturno. que pudo muy bien darse en los años 6/7 antes de nuestra era, es decir, en los que la investigación muestra que nació Jesús.
Faltaba una demostración científica clara. Llegó en 1925, cuando el erudito alemán P. Schnabel descifró anotaciones neobabilonias de escritura cuneiforme acuñadas en una tabla encontrada entre las ruinas de un antiguo templo del sol, en la escuela de astrología de Sippar, antigua ciudad que se encontraba en la confluencia del Tigris y el Éufrates, a unos cien kilómetros al norte de Babilonia. La tablilla se encuentra ahora en el Museo estatal de Berlín.

Los Reyes Magos y la Ciencia

Bellas y sabias palabras de Benedicto XVI
La ciencia por sí misma no es suficiente para comprender la realidad y se requiere la unidad entre “inteligencia y fe, ciencia y revelación”, las “dos luces” que guiaron a los Reyes Magos.

Es necesaria una ciencia que no sea “autosuficiente”, sino que esté abierta a “ulteriores revelaciones.

Llegados a Jerusalén, los Magos necesitaron de las indicaciones de los sacerdotes y de los escribas para conocer exactamente el lugar al cual dirigirse, es decir, Belén, la ciudad de David. La estrella y las Sagradas Escrituras fueron las dos luces que guiaron el camino de los Magos, los cuales aparecen como modelos de auténticos buscadores de la verdad.

Los Magos eran hombres de ciencia en un sentido amplio, que observaban el cosmos considerándolo un gran libro lleno de signos y mensajes divinos para el hombre. Su saber, por lo tanto, lejos de considerarse autosuficiente, estaba abierto a ulteriores revelaciones.

Los Magos escucharon las profecías y las acogieron. Y apenas se pusieron en camino rumbo a Belén, vieron nuevamente la estrella, casi como una confirmación de la perfecta armonía entre la investigación humana y la Verdad divina, una armonía que llenó de alegría sus corazones de sabios auténticos. La culminación de su itinerario de búsqueda llegó cuando se encontraron ante el niño con su madre María y como dice el Evangelio, se arrodillaron.
Podrían haberse sentido desilusionados, incluso escandalizados, en cambio, como verdaderos sabios estuvieron abiertos al misterio que se manifiesta de manera sorprendente y con sus regalos simbólicos demostraron reconocer en Jesús al Rey y al Hijo de Dios.