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No hay paz sin justicia, no hay justicia sin perdón

No hay paz sin justicia, no hay justicia sin perdón. Asís 2011
(Sobre la base de la justicia trabajamos por un mundo de solidaridad y de paz).

Hoy se cumple el XXV aniversario del histórico encuentro ecuménico de oración por la paz convocado en Asís (Italia) por el beato Juan Pablo II

25 años después31 delegaciones de iglesias cristianas, el patriarca ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I, y el arzobispo de Canterbury, Rowan Williams; representantes de religiones tradicionales de América y Africa, así como del budismo, confucionismo, jainismo, sijismo, taoísmo, zoroastrismo y bahaísmo; representantes musulmanes de los países árabes y dirigentes judíos, se reunieron para rezar por la paz.

En 1989, tres años después del primero encuentro de Asís, el muro cayó sin derramamiento de sangre….Apreciamos esta victoria de la libertad, que fue sobre todo también una victoria de la paz.

“Pero, ¿qué ha sucedido después? Desgraciadamente, no podemos decir que desde entonces la situación se haya caracterizado por la libertad y la paz. (…) La violencia en cuanto tal siempre está potencialmente presente, y caracteriza la condición de nuestro mundo. La libertad es un gran bien. Pero el mundo de la libertad se ha mostrado en buena parte carente de orientación, y muchos tergiversan la libertad entendiéndola como libertad también para la violencia.

Dos nuevas formas de violencia, han surgido. Tenemos ante todo el terrorismo, sin ningún respeto por las vidas humanas inocentes que de este modo resultan cruelmente heridas o muertas. Sabemos que el terrorismo es a menudo motivado religiosamente.. En ese caso, la religión no está al servicio de la paz, sino de la justificación de la violencia”. (…)

De una forma más sutil, pero siempre cruel, vemos la religión como causa de violencia también allí donde se practica la violencia por parte de defensores de una religión contra los otros.
Los representantes de las religiones reunidos en Asís en 1986 quisieron decir -y nosotros lo repetimos con vigor y gran firmeza- que ésta no es la verdadera naturaleza de la religión. Es más bien su deformación y contribuye a su destrucción”.

En nombre de la fe cristiana se ha recurrido a la violencia en la historia. Lo reconocemos llenos de vergüenza. Pero es absolutamente claro que éste ha sido un uso abusivo de la fe cristiana, en claro contraste con su verdadera naturaleza. El Dios en que nosotros los cristianos creemos es el Creador y Padre de todos los hombres, por el cual todos son entre sí hermanos y hermanas y forman una única familia. La Cruz de Cristo es para nosotros el signo del Dios que, en el lugar de la violencia, pone el sufrir con el otro y el amar con el otro.

“Junto a estas dos formas de religión y anti-religión, existe también en el mundo en expansión del agnosticismo otra orientación de fondo: personas a las que no les ha sido dado el don de poder creer y que, sin embargo, buscan la verdad, están en la búsqueda de Dios. Personas como éstas no afirman simplemente: ‘No existe ningún Dios’. Sufren a causa de su ausencia y, buscando lo auténtico y lo bueno, están interiormente en camino hacia Él. Son ‘peregrinos de la verdad, peregrinos de la paz’. Plantean preguntas tanto a una como a la otra parte. Despojan a los ateos combativos de su falsa certeza (…) Pero también llaman en causa a los seguidores de las religiones, para que no consideren a Dios como una propiedad que les pertenece a ellos hasta el punto de sentirse autorizados a la violencia respecto a los demás”.

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La cruz símbolo de concordia y perdón

El Estado es aconfesional, y todo lo que tiene que ver con su organización y acción política así lo es. Es decir, es neutral, desde el punto de vista de las religiones y las cosmovisiones; pero la sociedad civil es libre para ser “lo quiera ser” en su pluralidad de ideas e iniciativas, religiosas o no.
Todos somos sociedad civil. Las Iglesias también son sociedad civil. Cualquiera en la sociedad civil tiene derecho a defender democráticamente lo que considera bueno para la sociedad. El cauce democrático dirá si es posible y cuándo.
Las religiones, tienen derecho a una presencia pública, en la vida civil, y a desarrollar iniciativas en todos los sectores, como los demás ciudadanos. Sigue leyendo

Jesús ha vencido la muerte

En tiempos de crisis apostamos por la vida y la esperanza

La muerte para muchos hoy es el paro. Tener un trabajo es la actividad que le hace sentirse al ser humano mejor.
De ahí que el paro puede deteriorar la autoestima personal y originar otros problemas.  No hay, sin embargo, que perder la esperanza

Esperamos también con Jesucristo. Tener esperanza es síntoma de vida.  Sólo los muertos no esperan; sólo han dejado de esperar los que han abdicado de vivir.
Cuando alguien decide que su vida “no merece la pena” , es cuando se está auto-eliminando;  es como si estuviera asistiendo a sus propios funerales y se enterrara en vida.

La Religión cristiana es una Religión de vida.  Los seres humanos tememos a la muerte. Sin embargo, para quien cree, espera y ama a Dios, la muerte no es un salto en el vacío. Morir no debería ser nada trágico. Pensamos que la muerte nos arrebata la vida. Sólo, en parte.  Realmente lo que acontece es que depositamos nuestro ser cansado, fatigado, en las manos amorosas del Padre, de Dios.  Las manos de Dios, como las del Padre del Hijo pródigo, serán nuestra salvación, nuestro más seguro reposo.   Este Jesús que ha resucitado nos invita a la vida. ¿Cómo explicar a unos jóvenes quién ha sido este Jesús?.  Ver el vídeo que sigue.

Mi Cristo roto de casa en casa

Necesitamos reconocernos pecadores, reiniciar el camino del bien
Estos días un Obispo decía:

Una sociedad con varios millones de parados, que administra la justicia según los colores políticos, que miente con descaro y desde las más altas instancias, que viola los pactos más sagrados, que fomenta el odio y el enfrentamiento entre sus miembros, que impide el ejercicio libre de la religión, que azuza las pasiones de los jóvenes, que niega que haya acciones buenas y malas con independencia de tiempo y circunstancias, que convierte la escuela en un instrumento ideológico y el poder político en trampolín para el enriquecimiento personal y el medro de los suyos, que se empeña en no tener hijos, en una palabra, una sociedad cuarteada en sus estructuras básicas y removida en sus cimientos éticos es una sociedad decadente y enferma de extrema gravedad…

España necesita con absoluta urgencia volver a Dios. Tenemos, ciertamente, hambre de pan –paro alarmante-, de cultura -bajísimos niveles educativos-, de bienestar -más y mejores coberturas sociales-. Pero la necesidad más urgente y general es reconocer que tenemos que dar un cambio ético radical, salir de nuestro egoísmo y entrar en la lógica del don, de la gratuidad, de la solidaridad, del respeto mutuo, de la paz social y familiar, de los conceptos de bien y de verdad. Digámoslo claramente: necesitamos reconocernos pecadores, acudir al perdón y reiniciar el camino del bien y de la verdad.

Mi Cristo

Cristo. “Mi Cristo roto”.

“Mi Cristo roto” es una obra de teatro representada por un solo actor, el reconocido actor mexicano, Alberto Mayagoitia.
La adaptación teatral parte de dos libros escritos por el padre Ramón Cué, S.J. derivados de sus aprendizajes y aventuras con el Cristo roto, pieza que le compró a un anticuario en Sevilla. Alberto Mayagoitia encarna al propio padre Ramón, y la obra se desarrolla en la oficina del sacerdote durante los momentos en que escribe los libros.
“Mi Cristo roto” -cuenta Alberto Mayagoitia- constituye una experiencia reflexiva maravillosa. Deja sembrados en los corazones de quienes la viven, sentimientos como el perdón, el amor al prójimo y la solidaridad. Nos enseña cómo hacer más llevadera la cruz que todos cargamos.
Historia
La historia comienza en una tienda de antigüedades en Sevilla, donde el padre Ramón regatea el precio de un Cristo de madera que luce muy deteriorado. A la imagen le falta la cruz, también media pierna, un brazo y el rostro; ya que aparentemente fue profanada durante la guerra civil española. No obstante, es una fina obra de arte que merece ser restaurada. Aquí empieza el diálogo que se desarrollará durante toda la obra. Ya en casa, el padre Ramón se sorprende cuando el Cristo le prohíbe que lo restaure. El Cristo roto prefiere no ser restaurado, porque desea que veamos en su rostro el rostro de todos nuestros hermanos: los Cristos rotos vivos y sufrientes.

Cristo roto no tiene cruz, y nos invita a que le entreguemos la nuestra; tal vez para ayudarnos a cargarla. Al final de la obra, Cristo explica cómo fue su muerte en la cruz.
“Mi Cristo roto” nos lleva a enfrentarnos con nosotros mismos. El espectador encontrará muchas respuestas a su forma personal de demostrar su fe y su devoción a Dios, y también se sensibilizará al visualizar el rostro de Cristo en todos sus hermanos.
Historia del Cristo roto

La “difícil” ciencia del perdón

La ciencia de la misericordia, del amor y del perdón. Es una ciencia cuyo aprendizaje dura la existencia entera, porque en cualquier momento de la vida nos puede acechar la garra del odio o de la desesperación en el dolor. ¿Cómo amar a quien te ha difamado o calumniado, sea privada o públicamente? ¿Cómo perdonar a quien, en tu ausencia, ha entrado en tu casa y te ha saqueado? ¿Cómo amar a un pedófilo, que ha querido abusar de tus hijos o de los de tus vecinos y amigos? ¿Cómo perdonar a quien ha metido a tu hija por el negro túnel de la drogadicción, destruyéndola así junto con tu familia? ¿Cómo perdonar a un terrorista que ha matado a inocentes?… Estas preguntas, y otras semejantes, muestran cuán difícil es la ciencia del perdón cristiano.

Pero sabemos que si quieres el mundo mejor, tenemos que perdonar.  Si  conseguimos el aprobado en esta dura y extraña ciencia, habrémos creado un clima para un mundo mejor. Si aún estamos lejos de conseguir el aprobado, no nos desalentemos. Mantengamos en primer lugar la decisión y la voluntad de aprender esta misteriosa ciencia, a pesar de todos los obstáculos que encontremos. Entrenemos, hagamos a diario el pequeño ejercicio en el perdonar a otros las pequeñas faltas ; faltas pequeñas de respeto o de atención, las bromas pesadas que alguien nos pueda hacer, etc., para ir creciendo y ensanchando nuestra capacidad mediante el ejercicio.
¡Maravillosa ciencia!. Con el perdón de la ofensa, toda la humanidad en cierto modo se mejora y dignifica.