Mi hermano, el prójimo

La bondad mantiene a la sociedad a flote.
¡Haz el bien y el bien llegará a tí!

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10 Respuestas a “Mi hermano, el prójimo

  1. La alegría solución para los problemas

    La liberación, para el cristiano, que viene de Dios es alegría. Pero la alegría no es fácil, de lo contrario sería risa exterior, carcajada vacía, euforia de “sala de fiestas” y esa alegría se quedará fuera de nuestro corazón.

    La alegría que proporciona felicidad sólo puede sentirla el alma, no la razón, ni la cabeza.

    Pero ¿cómo se puede ser feliz cuando hay tantos sufrimientos sobre la tierra?
    ¿Cómo se puede reír, cuando aún no están secas todas lágrimas, sino que brotan diariamente otras nuevas?
    ¿Cómo alegrarse cuando dos tercera partes de la humanidad se encuentran hundidas en la miseria, el hambre y/o la guerra?

    Buscamos esa alegría que levanta a los humildes y dispersa a los soberbios, que colma de bienes a los hambrientos y despide a los ricos vacíos. Porque la alegría verdadera sólo es posible en el corazón del ser humano que anhela y busca la justicia, la libertad y el amor entre todos.

    Solo se puede estar alegre, y por lo tanto vivir alegre, en comunión con los que sufren y en solidaridad con los que lloran. Sólo tiene derecho a la alegría quien lucha por hacerla posible entre los humillados. Sólo puede ser feliz quien se esfuerza por hacer felices a otros.

    Los pobres tienen sed de agua, pero también de paz, de verdad y de justicia. Los pobres están desnudos y necesitan vestidos, pero también dignidad humana y compasión por los pecadores. Los pobres no tienen hogar y necesitan un refugio hecho ladrillos, pero también un corazón alegre, compasivo y lleno de amor. Están enfermos y necesitan atención médica, pero también una mano caritativa y una sonrisa acogedora. Los excluidos, los que son rechazados, aquellos que no son amados, los presos, los alcohólicos, los moribundos, los que están solos y abandonados, los marginados, los intocables y los leprosos…, los que viven en la duda y la confusión, los que no han sido tocados por la luz del Cristo, los hambrientos de la palabra y de la paz de Dios, las almas tristes y afligidas…, los que son una carga para la sociedad, que han perdido toda esperanza y fe en la vida, los que olvidaron cómo sonreír y los que no saben lo que es recibir un poco de calor humano, un gesto de amor y de amistad – todos ellos, se vuelven hacia nosotros para recibir un poco de consuelo. Si les damos la espalda, damos la espalda a Cristo.

  2. Natalia Xiang Chen

    Es muy bonito,la gente ayudan unos a los otros.Y si lo hacemos por voluntad propia, crearíamos un mundo mejor en esta planeta.Si ayudamos unos a los otros, habrá menos peleas en esta planeta.

  3. Morelia Taborga Perez

    Esta muy bien lo que hacen en ese video por que se ayudan los unos a los otros sin resivir nada a cambio.
    Y se alegran de poder ayudar a los demas.

  4. Este vídeo nos hace dar cuenta que si una persona empieza haciendo una buena obra a otra persona esta se dará cuenta de que ella también puede hacerlo . Desde ese momento la gente se empieza ayudar entre si y lo van asiendo por voluntad

  5. Este vídeo nos enseña a que ayudemos a los demás pero sin a recibir nada a cambio .Aunque al final recibamos de las personas lo que damos a cambio.

  6. “El mundo está enfermo por falta de fraternidad”
    Benedicto XVI ha denunciado que el mundo actual “está enfermo”, que sufre una falta de fraternidad, que bajo el respeto de la llamada “esfera privada” se esconde el egoísmo, la indiferencia y el desinterés del hombre y que el mal no se puede callar, sino denunciarlo.

    Con frecuencia prevalece la actitud contraria, es decir la indiferencia o el desinterés, que nacen del egoísmo encubierto bajo la apariencia del respeto por la ‘esfera privada'”, denunció el Papa.

    El mal está menos en la dilapidación de los recursos y en el acaparamiento por parte de algunos y en la falta de fraternidad entre los hombres y entre los pueblos.
    Lla cultura contemporánea parece haber perdido el sentido del bien y del mal y que por ello es necesario reafirmar con fuerza que el bien existe y vence, “porque Dios es bueno y hace el bien”.

  7. Es una interrogación que aún permanece para muchos, a pesar de los siglos transcurridos, desde las explicaciones del Maestro en la Parábola del Samaritano. Por falta de ese entendimiento, algunas veces dejamos de atender a uno u otro, creyendo no ser nuestra responsabilidad.

    Posiblemente, en el siglo XX, una de las criaturas que mejor había entendido sobre la identidad del prójimo haya sido la religiosa Madre Teresa. Erigiendo el Hogar de las Misioneras de la Caridad, paso a atender a los pobres más pobres, iniciando en Calcuta, en la India. Se cuenta que, nunca al caer de la tarde, en Calcuta, cuando las calles estaban repletas, el transito confuso y las luces de la ciudad a todos atraían la atención, ella y dos compañeras más se dirigían a un callejón aislado, entre oscuras calles.

    En aquel local, el torbellino de los sonidos de las bocinas, de los tubos de escape de los coches y el barullo de las personas no llegaban sino como apagado eco. Lo que allí había eran solamente los gemidos sordos de los que fueron olvidados por la multitud. Las tres mujeres se aproximan al local. Los olores venidos del callejón no las espantan. En nombre de la fraternidad, rumbeaban siempre más adentro.

    Teresa percibe la figura de un enfermo. Es un hombre, carcomido por el cáncer. La dolencia le devorará casi la mitad del cuerpo. Por todos era considerado un caso perdido. Teresa se aproximó y comenzó a lavarlo. La reacción del enfermo es de desdén. Él le pregunta: ¿Cómo consigue usted soportar el mal hedor de mi cuerpo? Ella no respondió, apenas sonrió, prosiguiendo en su tarea, con extremada delicadeza, como si estuviese bañando a un recién nacido. La señora no es de aquí, habla el enfermo otra vez. Nadie por aquí actúa como la señora. Los minutos pasan y el enfermo está ahora limpio. Ante el dolor que le agoniza las carne, en una típica expresión indiana, exclama: ¡Gloria a ti mujer! No, responde la Madre Teresa. Gloria a usted, que sufre con Cristo. El sonríe. Ella también.

    Una sensación de alivio se estampa en la cara del enfermo terminal. Las Misioneras de la Caridad lo recogen en el hogar que, para tales criaturas, edificaron en Calcuta. Dos días después, entre atenciones y oraciones, en un lecho aseado, el moribundo se despide de la vida física. El prójimo es siempre aquel que tiene la necesidad más premiativa, en el momento. Algunas veces, es el prójimo más próximo, en el propio hogar, en la vecindad, en el ambiente del trabajo. Otras veces, es alguien que aguarda el gesto de amparo del Samaritano que transita por donde el se encuentra. Partir en busca del dolor, para calmarlo es la actitud de quien se enseñoreo de las palabras del Evangelio y habiéndolas abrigado en la intimidad del ser, las vive en esencia. No siempre los mayores necesitados son los que buscan socorro, otros no lo hacen por vergüenza o por no disponer de condiciones mínimas para solicitarlo.

    Son los encamados que permanecen en sus casas, los deficientes del habla que no consiguen expresarse, y tantos otros… El prójimo es nuestro hermano, a nuestro lado o a distancia, desde que todos somos hijos del mismo Padre. La Madre Teresa de Calcuta extendió su trabajo de amor por casi todo el mundo. La invitación de los gobernantes de diferentes naciones, ella abrió sus casas de caridad en los más lejanos países. Así, la meta de las Misioneras de la Caridad y de sus colaboradoras es buscar el dolor donde asile y atender al carente más carente.

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