Todos tenemos que morir

El “creador” del primer Macintosh muere el 5 de octubre en San Francisco (EE.UU).
Allá en el inicio de los años 80 recuerdo una tienda al lado de donde yo vivía, que con el logo de Apple, vendía ordenadores. Siempre me llamó la atención. Posteriormente me interesé por el mundo de la informática y en un principio use los ordenadores que utilizaban el sistema operativo MS DOS, que posteriormente copiarían de Apple introduciendo el conocido Windows.

La muerte de Steve Jobs nos ha hecho recordar muchas cosas de estas últimas tres décadas. En su homenaje y como reflexión que nos puede ayudar a comprender mejor el ser humano, escribo estas líneas. Descanse en paz.

Steve Jobs, nació en San Francisco el 24 de febrero de 1955. Jobs comenzó en 1976 junto a Steve Wozniak y Ronald Wayne, fundó Apple, después de elaborar los primeros proyectos en el garaje de su casa. En sólo diez años la sociedad alcanzó los dos mil millones de dólares de facturación. El lanzamiento del primer Macintosh se remonta a enero de 1984. Era un genio.
En 1985 Jobs es expulsado de la sociedad. El regreso a la dirección de Apple tiene lugar a finales de 1998. Relanza la empresa en crisis. Posteriormente revoluciona aún más sociedad: Inventó el Smartphone (teléfonos inteligentes) con el iPhone, cambió el negocio de la música con el iPod, inventó el PC portátil del futuro, el iPad, hizo que los ordenadores se vendieran sin libros de instrucciones.
Se le ha comparado con Edison así como con Einstein y se le considera un artista digno de ser equiparado con Leonardo da Vinci. El propio Jobs decía que sus productos son una mezcla de arte y tecnología. Fue un genio con éxito. Éxito en la informática con el Macintosh, la música digital con el iPod, el cine de animación con Pixar, la world wiide web con NeXT.

Sabía que le quedaba poco tiempo. Hace unos días, le pidió a su hijo que le llevara en coche para ver Palo Alto por última vez. Uno de sus mejores amigos, el doctor Ornish, le preguntó hace poco si estaba contento por el hecho de haber tenido hijos, y le respondió de forma contundente: “es 10.000 veces lo mejor que he hecho jamás”. Se fue despidiendo de sus mejores amigos y se fue preparando para la muerte. Murió rodeado por su familia, el 5 de octubre de 2011.   Se le ha recordado, en algunas viñetas, de modo cariñoso. entrando en las puertas del cielo y encontrándose con distintos personajes bíblicos.

Una gran lección extraemos de su vida. De unos padres que le dieron en adopción, su gesto fue un bien para el mundo. Steve Jobs fue dado en adopción porque nació en el año 1955. ¿Qué hubiera sucedido si hubiera sido concebido en 1980 o en años posteriores?. ¿Habría nacido?. ¿Su madre, habría abortado, antes de darle en adopción?. La historia se repite. ¿Cuantos Einsteins, Nelsons Mandela, Jobs, Teresas de Calcuta, etcétera, nunca nacerán con la excusa de “que no sufran”? A base de querer evitar el sufrimiento, cerramos la esperanza del futuro. Esa es la raíz que destruye la innovación y la esperanza en nuestra sociedad opulenta. Esa manía de creernos dioses, comete esos errores.

En una cultura que no siempre propone modelos edificantes, Steve Jobs fue un ejemplo de hasta dónde pueden llegar la tenacidad, el trabajo y la fe en uno mismo.
Nos gusta recordar a Steve Jobs como algunas viñetas lo han “retratado” de modo cariñoso entrando en el cielo y encontrándose con distintos personajes bíblicos.



Tres historias para reflexionar

Steve Jobs impartió 12 de junio en 2005 un discurso en la ceremonia de graduación de alumnos de la Universidad de Stanford. En ese discurso Steve Jobs relata tres historias de su vida de las que se pueden sacar lecciones fundamentales.

1ª.- En la vida hay que conectar los puntos de nuestra vida.
Cuenta que su madre biológica fue una joven estudiante universitaria y soltera.
Cuando nació, su madre decidió darle en adopción. Quería para su hijo unos padres universitarios con su carrera terminada. Pero esos padres que encontró su madre biológica y le iban a adoptar deseaban una niña. Eso motivó que fuera dado en adopción a una pareja que estaba en la lista de espera. Su madre biológica al conocer que la madre adoptante nunca se había graduado en la universidad y el padre adoptante no tenía el graduado escolar, se resistió a firmar la adopción. Aceptó, unos meses más tarde, cuando le prometieron que el niño iría a la Universidad. Su padre adoptivo era mecánico. Fue él quien le enseñó a montar y desmontar cacharros eléctricos, para lo cual tenía una inteligencia innata. ¿Cómo podrían imaginar Clara y Paul Jobs, el matrimonio que lo adoptó, que en el garaje de su casa, su hijo revolucionaría el mundo con unos ordenadores?

Efectivamente, a los 17 años fue a una buena universidad. Los padres que le habían adoptado empeñaron todos sus ahorros para que pudiera matricularse.
Pasaron seis meses de curso y Steve no sabía qué hacer y sí percibía el gasto que estaba produciendo a sus padres. Decidió, entonces, abandonar la universidad y prescindiendo de las clases obligatorias, asistir a aquellas clases que le interesaban y motivaban. Así decidió asistir a una clase de caligrafía. Aprendió a conocer bien los tipos de letras, la variación en el espacio entre las distintas combinaciones de letras, en definitiva, lo que hace que la gran tipografía sea lo que es. Era fascinante. Sin embargo, nada de esto tenía una aplicación práctica en su vida.
Diez años después, cuenta que cuando estaba diseñando el primer ordenador Macintosh, todo tuvo sentido para él. Fue el primer ordenador con una bella tipografía. Si nunca hubiera asistido a ese único curso en la universidad, el Mac nunca habría tenido múltiples tipografías o fuentes proporcionalmente espaciadas. Y como Windows copió de Mac, es probable que ningún PC tampoco. Si nunca se hubiera retirado de la universidad, nunca habría asistido a esa clase de caligrafía, y los ordenadores personales carecerían de la maravillosa tipografía que llevan. Por supuesto era imposible conectar los puntos mirando hacia el futuro cuando estaba en la universidad. Sin embargo, fue sencillo entenderlo, mirando hacia el pasado diez años después.
Tenéis que confiar en que los puntos, de alguna manera, se conectarán en vuestro futuro, dijo a los universitarios graduados. Tenéis que confiar en algo, lo que sea. Dice que nunca he abandonado esta perspectiva y es la que ha marcado la diferencia en su vida. Si le damos una dimensión trascendente eso no es más que confiar en la Providencia.

2ª.- Cuenta cuando fue despedido de Apple, a pesar de haber sido él quien fundó la empresa.
Esa circunstancia le obligó a ser más creativo, más constante. Fundó la compañía informática Next y la compañía de animación Pixar, que realizan “Toy story”. Para Steve Jobs, lo importante es amar lo que uno hace, y si no se encuentra, seguir buscando lo que uno quiere hacer. Ya había cumplido los 30 años.
Y a pesar de ser despedido de la compañía que había fundado, me di cuenta, dice, que todavía amaba lo que hacía. El tremendo “golpe” sufrido en el despido de Apple no había cambiado eso ni un milímetro. Había sido rechazado, pero seguía enamorado. Decidió empezar de nuevo. En ese momento no lo entendió, pero ser despedido de Apple fue lo mejor que podía haberme pasado, reconoció más tarde. Del éxito alcanzado pasó a la ilusión de un principiante otra vez. Eso me liberó y entré en una de las etapas más creativas de mi vida, reconocería. Amaba lo que hacía. Y así también logró encontrar a la mujer de mi vida. Fundó la compañía llamada NeXT, la empresa Pixar, que creó la primera película en el mundo animada por ordenador. Y fue cuando Apple compró NeXT y de esa forma regresó a Apple. La tecnología que desarrollamos en NeXT constituye el corazón del actual renacimiento de Apple.
Nada de esto hubiera sucedido de no haber sido expulsado de Apple 5 años antes.
En ocasiones la vida te golpea con un ladrillo en la cabeza. No perdáis la fe. Estoy convencido que lo único que me permitió seguir fue que yo amaba lo que hacía. Tenéis que encontrar lo que amáis. Y eso es tan válido para el trabajo como para el amor. El trabajo llenará gran parte de vuestras vidas y la única manera de sentirse realmente satisfecho es hacer aquello que creéis que es un gran trabajo. Y la única forma de hacer un gran trabajo es amar lo que se hace. Si todavía no lo habéis encontrado, seguid buscando. No os detengáis. Al igual que con los asuntos del corazón, sabréis cuando lo habéis encontrado. Y al igual que cualquier relación importante, mejora con el paso de los años. Así que seguid buscando. Y no os paréis.

3ª.- La tercera historia es sobre la muerte.
Un cáncer de páncreas motivó que percibiera muy cerca la muerte. Y se dio cuenta de la importancia de vivir cada día aprovechando cada momento para realizar lo que se quiere hacer y se ama.
Cuando tenía 17 años leyó una cita que decía algo parecido a “Si vives cada día como si fuera el último, es muy probable que algún día hagas lo correcto”. Como dice él, recordar que uno va a morir pronto es la mejor herramienta para tomar las grandes decisiones de la vida.

Recordar que moriré pronto constituye la herramienta más importante que he encontrado para tomar las grandes decisiones de mi vida. Porque casi todas las expectativas externas, todo el orgullo, todo el temor a la vergüenza o al fracaso todo eso desaparece a las puertas de la muerte, quedando solo aquello que es realmente importante. Recordar que vas a morir es la mejor manera que conozco para evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder. Ya estás desnudo. No hay ninguna razón para no seguir a tu corazón.

Los doctores me dijeron que era muy probable que fuera un tipo de cáncer incurable y que mis expectativas de vida no superarían los seis meses. El médico me aconsejó irme a casa y arreglar mis asuntos. Significa despedirte.

Al haber vivido esta experiencia, puedo contarla con un poco más de certeza que cuando la muerte era puramente un concepto intelectual: Nadie quiere morir. Incluso la gente que quiere ir al cielo, no quiere morir para llegar allá. La muerte es el destino que todos compartimos. Nadie ha escapado de ella. Y es como debe ser porque la muerte es muy probable que sea la mejor invención de la vida. Es su agente de cambio. Elimina lo viejo para dejar paso a lo nuevo.

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7 Respuestas a “Todos tenemos que morir

  1. Hace ya más de una semana de la muerte de Steve Jobs y todavía se siguen viendo tributos online y offline del genio. Incluso el gobernador de California ha declarado el 16 de octubre el día de Steve Jobs. En post anteriores me preguntaba qué pasará con mi yo digital si muero mañana, pero ¿qué es lo que pasa cuando muere un famoso mundial?

    Para muchos de los y las fans de genios tales como Steve Jobs, o megaestrellas como Amy Winehouse, internet ha abierto una ventana al mundo a la hora de compartir sus sentimientos hacia dichas personas y una forma de llevar el duelo de forma colectiva. Seamos más o menos activos en medios sociales, seguro que todos vimos, o incluso participamos, en hashtags como #ThankSteve o #iSad compartiendo nuestras reflexiones sobre sus aportaciones al mundo, fotografías/imágenes tributo y post en su recuerdo.

    Fuente: http://www.territoriocreativo.es/etc/2011/10/%C2%BFque-hacemos-cuando-un-famoso-nos-abandona.html

  2. Steve Jobs es un modelo de comportamiento para todos. Su contribución a la sociedad de este siglo y de los que vienen son inconmensurables. Un hombre que era todo tenacidad, esfuerzo, ilusión, pura pasión, pasión por su trabajo, pasión por el amor, pasión por la vida. Realmente se puede decir que era feliz. Mirando hacia delante, frente a las adversidades y desilusiones, sin miedo.

  3. Charlotte Quiocho 3ºG

    Steve Jobs es un modelo a seguir para todo el mundo, muchos personas se preguntan ¿qué no nos hubieramos perdido si ese gran hombre siguiera vivo? pero como dice esta entrada todo lo que ocurre ocurre por algún motivo. Todos conocemos y conocerán las próximas generaciones quién era Steve Jobs. Un gran hombre, valiente y que gracias a él, el mundo informático a revolucionado el mundo. Nos enseña que de un granito de arena podemos construir una gran montaña si tenemos fe en lo que hacemos.

  4. San Pablo a los Romanos 14,7-12.

    Ninguno de nosotros vive para sí, ni tampoco muere para sí.
    Si vivimos, vivimos para el Señor, y si morimos, morimos para el Señor: tanto en la vida como en la muerte, pertenecemos al Señor.
    Porque Cristo murió y volvió a la vida para ser Señor de los vivos y de los muertos. Entonces, ¿Con qué derecho juzgas a tu hermano? ¿Por qué lo desprecias? Todos, en efecto, tendremos que comparecer ante el tribunal de Dios, porque está escrito: Juro que toda rodilla se doblará ante mí y toda lengua dará gloria a Dios, dice el Señor. Por lo tanto, cada uno de nosotros tendrá que rendir cuenta de sí mismo a Dios.

  5. Papa: “La muerte atañe a todos”
    Benedicto XVI invita a visitar los cementerios y leer los epitafios
    Redacción, 02 de noviembre de 2011 a las 16:59

    Benedicto XVI: “La muerte es a menudo un tema casi prohibido en nuestra sociedad”
    En su catequesis de hoy dedicada a los fieles difuntos, el Papa nos recuerda que estas celebraciones nos ayudan a reconocer en la muerte la gran esperanza de que la vida del hombre no termina aquí. La audiencia general del Benedicto XVI inició en el Aula Pablo VI del Vaticano a las 10,30 de la mañana.

    En su catequesis el Papa dijo que no obstante la muerte sea frecuentemente un tema casi tabú en nuestra sociedad, y exista la persistente tendencia de ahuyentar de el pensamiento de la muerte, ésta nos atañe a cada uno de nosotros, incumbe al hombre de todos los tiempos. Ante este misterio -dijo el Papa- también inconscientemente, buscamos algo que nos invite a esperar, una señal que nos dé consuelo, que se abra un horizonte capaz de ofrecer todavía un futuro. Desde esta visión “el camino de la muerte es un camino de esperanza y tanto visitar nuestros cementerios como leer los epitafios sobre las tumbas, es cumplir un camino marcado por la esperanza de eternidad”.

    Éste es el resumen de la catequesis del Papa y sus saludos en español:

    Queridos hermanos y hermanas:
    La catequesis de hoy está dedicada al recuerdo de los fieles difuntos. En estos días se visitan los cementerios para rezar por ellos, recordando, de ese modo, la comunión de los santos que profesamos en el Credo, ya que en ella se manifiesta el estrecho vínculo que nos une a los que ya han alcanzado la eternidad. El hombre siempre ha tenido consideración con los muertos. Y, aunque nuestra sociedad intenta eliminar por todos los medios incluso el pensamiento sobre la muerte, nos preguntamos: ¿Por qué esto es así? La respuesta es que la muerte atañe a todos, en cualquier tiempo y lugar. Ante un mundo positivista, incapaz de abordar este misterio, estas celebraciones nos ayudan reconocer en la muerte la gran esperanza, de que la vida del hombre no termina aquí, que su anhelo de eternidad ha sido colmado por el Dios cuyo Hijo, muerto y resucitado por nosotros, venciendo a la muerte nos ha abierto el camino a la vida eterna.

    Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España, México, República Dominicana, Colombia, Argentina y otros países latinoamericanos. Invito a todos a que al recitar el Credo proclaméis al mundo la fe en la vida eterna, pues si el Buen Pastor nos guía en la noche de la muerte, seremos capaces de trabajar con denuedo en este mundo, con la esperanza del futuro que nos promete. Muchas gracias.

    CATEQUESIS COMPLETA

    Después de celebrar la solemnidad de Todos los Santos, la Iglesia nos invita hoy a conmemorar a todos los fieles difuntos, a dirigir nuestra mirada hacia tantos rostros que nos han precedido y que han concluido el camino terrenal.
    En la Audiencia de este día, quisiera proponer algunos pensamientos sencillos sobre la realidad de la muerte – que para nosotros los cristianos está iluminada por la Resurrección de Cristo – y para renovar nuestra fe en la vida eterna.

    Como ya decía ayer, en el Ángelus, en estos días, se acude a los cementerios para rezar por los seres queridos que nos han dejado, es casi como ir a visitarlos para expresarles, una vez más, nuestro cariño, para percibir que todavía los tenemos cerca, recordando también, de este modo, una parte del Credo: en la comunión de los santos hay un vínculo estrecho entre nosotros, que caminamos aún en esta tierra, y tantos hermanos y hermanas que ya alcanzaron la eternidad.

    Desde siempre, el hombre se ha preocupado por sus muertos y ha intentado darles algo así como una segunda vida, por medio de la atención, del cuidado y del afecto. En cierto modo, se desea conservar su experiencia de vida; y, paradójicamente, descubrimos ante las tumbas, donde se multiplican los recuerdos, cómo ellos vivieron, qué cosas amaron, qué temieron, qué esperaron y qué detestaron. Es como si sus tumbas fueran un espejo del mundo de cada uno de ellos.

    ¿Por qué es así? Porque, a pesar de que la muerte es a menudo un tema casi prohibido en nuestra sociedad – y de que se intente continuamente quitar de nuestras mentes tan solo el pensamiento de la muerte – ésta nos concierne a cada uno de nosotros, concierne al hombre de todo tiempo y de todo espacio. Y ante este misterio todos, aun inconcientemente, buscamos algo que nos invite a esperar, una señal que nos dé consuelo, que nos abra algún horizonte, que ofrezca aun un futuro. El camino de la muerte, en realidad, es un camino de la esperanza y acudir a nuestros cementerios, así como leer los epitafios en las tumbas, es cumplir un camino marcado por la esperanza de eternidad.

    Pero, nos preguntamos: ¿por qué probamos temor ante la muerte? ¿Por qué la humanidad, en su amplia mayoría, nunca se ha resignado a creer que más allá de la muerte no hay otra cosa que la nada? Diría que las respuestas son múltiples: tenemos miedo ante la muerte porque tenemos miedo de la nada, de ese partir hacia algo que no conocemos, que nos es desconocido. Y, entonces, hay en nosotros un sentido de rechazo, porque no podemos aceptar que todo lo más bello y grande que se haya realizado durante toda una vida, quede borrado repentinamente, caiga en el abismo de la nada. Sobre todo, sentimos que el amor evoca y pide eternidad y que no es posible aceptar que el mismo amor quede destruido por la muerte, en un solo momento.

    Aún más, sentimos temor ante la muerte porque, cuando nos encontramos hacia el final de nuestra vida, percibimos que habrá un juicio sobre nuestras acciones, sobre cómo hemos conducido nuestra vida; en primer lugar, sobre aquellas sombras que, con habilidad, a menudo sabemos borrar o intentamos borrar de nuestra conciencia. Diría, que justo la cuestión del juicio es la que subyace al cuidado del hombre de todos los tiempos para con los difuntos, a la atención que se dedica a las personas que han sido significativas y que ya no están a su lado en el camino de la vida terrenal. En un cierto sentido los gestos de cariño y de amor que rodean al difunto, son un modo de protegerlo, con la convicción de que estos gestos no quedarán sin efecto en el juicio. Es algo que podemos encontrar en la mayor parte de las culturas que caracterizan la historia del hombre.

    Hoy el mundo se ha convertido, al menos aparentemente, en mucho más racional, o mejor dicho, se ha difundido la tendencia generalizada de pensar que cada situación debe ser afrontada con los criterios de la ciencia experimental, y que incluso a la gran cuestión de la muerte se deba responder, no tanto con la fe, sino partiendo de los conocimientos comprobables empíricamente. No se llega a tener suficientemente en cuenta, sin embargo, que, de esta manera, se acaba por caer en formas de espiritismo, en el intento de tener algún contacto con el mundo más allá de la muerte, como imaginando casi que haya una realidad que, al final, es una copia de aquella presente.

    Queridos amigos, la solemnidad de todos los Santos y la Conmemoración de todos los fieles difuntos nos indican que solamente quien reconoce una gran esperanza en la muerte, puede también vivir una vida a partir de la esperanza. Si reducimos el hombre exclusivamente a su dimensión horizontal, es decir, a lo que puede percibir empíricamente, la vida misma pierde su significado más profundo.

    El hombre tiene necesidad de eternidad, y cualquier otra esperanza para él es demasiado breve, demasiado limitada. El hombre sólo tiene explicación si hay un Amor que supere todo aislamiento, incluso el de la muerte, en una totalidad que trascienda también el espacio y el tiempo. El hombre es explicable, encuentra su significado más profundo, sólo si hay Dios. Y nosotros sabemos que Dios ha salido de su lejanía y se ha acercado, y ha entrado en nuestras vidas y nos dice: “Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí no morirá jamás »(Jn 11,25-26).

    Pensemos por un momento en la escena del Calvario y rememoremos las palabras que Jesús, desde lo alto de la Cruz, dirige al ladrón crucificado a su derecha: “En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraiso” (Lc 23,43). Pensemos en los dos discípulos en el camino de Emaús, cuando después de haber compartido una parte del camino con Jesús Resucitado, lo reconocen y parten de inmediato hacia Jerusalén para anunciar la Resurrección del Señor (cfr Lc 24,13-35).

    Vuelven a nuestra mente con renovada claridad las palabras del Maestro: “No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a preparaos un lugar” (Gv 14,1-2).

    Dios realmente se ha mostrado, se ha hecho asequible, de tal manera ha amado el mundo “que entregó a su Unigénito, para que todo aquel que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3,16), y en el supremo acto de amor de la Cruz, sumergiéndose en el abismo de la muerte, la ha vencido, ha resucitado y nos ha abierto también a nosotros las puertas de la eternidad. Cristo nos sostiene a través de la noche de la muerte que Él mismo ha atravesado; es el Buen Pastor, a cuya guía nos podemos confiar sin ningún temor, porque Él conoce el camino, incluso a través de la oscuridad.

    Todos los domingos, recitando el Credo, reafirmamos esta verdad. Y acercándonos a los cementerios para rezar con amor y afecto a nuestros familiares difuntos, se nos invita, una vez más, a renovar con valentía y con fuerza nuestra fe en la vida eterna, es más, a vivir con esta gran esperanza y dar testimonio de ella en el mundo: detrás del presente no hay
    la nada. Es precisamente la fe en la vida eterna la que da al cristiano la valentía de amar, todavía si cabe, con mayor intensidad esta nuestra tierra y trabajar para construirle un futuro, para darle una esperanza verdadera y cierta. (RD/RV)

  6. Tuvo una audaz visión del futuro y contribuyó a cambios poco comunes en la historia del ser humano,ha sido y será un ejemplo para siempre en la confianza que una persona puede llegar a tener en sí misma y lograr con ella un avance que en pocas ocasiones es posible en este mundo lleno de limitaciones de toda clase;fue una persona admirable y sin intención de limitarse,por ello yo le considero un gran hombre.
    Que descanse en paz.

  7. Steve Jobs: “Yo me alegré de no haber terminado en un aborto”
    ¿Hasta qué punto el mundo sería distinto si la madre biológica del visionario fundador de Apple hubiera decidido abortar en lugar de dar a su hijo en adopción?
    Tras la muerte de Steve Jobs el pasado 5 de octubre, no son pocos quienes se preguntan cómo sería el mundo actualmente, como se habrían desarrollado los avances tecnológicos en esta sociedad, si la madre del visionario fundador de Apple e inventor del iPod, iTunes, iPhone e iPad hubiera decidido abortar en lugar de dar a su hijo en adopción.

    De alguna manera, la sociedad está en deuda con Joanne Simpson, aquella valiente estudiante graduada que, en 1955, tras un embarazo no deseado y a pesar de que hubiera deseado quedarse con el bebé, se vio obligada por las circunstancias a darlo en adopción a una pareja de clase trabajadora.

    El propio Steve Jobs quiso en los comienzos de la década de los 80 encontrar y agradecer en vida a su madre biológica el haber tomado la decisión de seguir adelante con su embarazo a pesar de todo, según cuenta en la nueva biografía oficial sobre Jobs el biógrafo Walter Isaacson.

    Isaacson revela la forma en que Jobs inició la búsqueda de su madre biológica incluso recurriendo a un detective privado a quien encomendó esa tarea. A pesar de fracasar inicialmente en su empeño, el genio de la informática insistió después de que su madre adoptiva muriera a mediados de esa década de 1980.

    “Yo quería conocerla”

    Jobs le explicó a Isaacson la razón por la que estaba tan decidido a encontrar a su madre biológica: “Yo quería conocerla, principalmente para saber si ella estaba bien, y darle las gracias, porque yo me alegré de no haber terminado en un aborto”, dijo.

    “Ella tenía 23 años de edad, y pasó por muchas dificultades para poder dar a luz”, explica Jobs en la biografía publicada por Isaacson.

    Cabe recordar que en la década de 1950 el aborto era ilegal, y probablemente Joanne Simpson nunca pensó en esa posibilidad tras quedarse embarazada de Abdulfattah Jandali, un inmigrante sirio, a pesar de que ambos temían la indignación de las familias, tanto de ella como de él. Cuando las cosas se complicaron en casa, ella marchó en silencio a San Francisco para tener al bebé y darlo en adopción.

    Eventualmente, Jobs pudo encontrar y sostener un encuentro con su madre biológica. Él cuenta que, después de conocerse, a menudo ella rompía en llanto, y se disculpaba por haberlo dado en adopción. “No te preocupes […] Yo tuve una tremenda niñez. Yo terminé my bien”, respondía Jobs, según narra Isaacson.

    Cuando la enfermedad de Joanne, de 79 años, empezó a progresar y a dar signos de demencia, su hijo ayudó a ingresarla en una clínica especializada y garantizó el tratamiento hasta el fin de sus días. Jobs siempre rechazó citarse con su padre.

    En cualquier caso, si el padre de Joanne no hubiera rechazado a su novio sirio, ella quizás podría haberse casado con Abdulfattah y la historia de Steve Jobs podría haber sido bien diferente.

    Quizás hubiera sido igual un genio, pero a buen seguro no habría conocido a Steve Wozniak ni hubiera fundado Apple. Como tampoco hubiera iluminado de sonrisas los rostros de millones de niños con películas como Toy Story y Buscando a Nemo, surgidas de la factoría Pixar, el proyecto que Jobs impulsó en 1986.

    En ese sentido, habría que preguntarse cuántas personas geniales nunca han visto la luz porque se dio por sentado que un embarazo no planificado es necesariamente un hijo no deseado y, consecuentemente, el aborto era la mejor solución.
    (Fuente: ttp://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=21589)

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