Cine que hace reflexionar III

“Des hommes et des dieux” (Hombres y dioses)
La película sobre siete monjes cistercienses franceses asesinados en Argelia en 1996 Des hommes y des dieux (Hombres y dioses, n.d.t.) ha recibido el Gran Premio del Jurado de Cannes de la 63ª edición del festival de cine.
La película narra los tres últimos años de vida de los monjes del monasterio de Nuestra Señora del Atlas en Tibhirine. Esta comunidad de religiosos vio truncada su vida con el secuestro y posterior asesinato de sus siete miembros a manos de los Grupos Islámicos Armados (GIA).
La noche del 26 al 27 de marzo de 1996, un comando armado formado por una veintena de hombres irrumpió en el monasterio y secuestró a los siete trapenses de nacionalidad francesa. Nueve días después fueron hallados sus cuerpos.  
Estamos ante un film galardonado, como “un mensaje de pobreza, de abandono en las manos de Dios y de los hombres, de compartir con todos la fragilidad, la vulnerabilidad, la condición de pecadores perdonados” y que se estrena ahora en España.
Estos monjes tenía la convicción de que sólo desarmados se puede lograr un encuentro con el Islam y descubrir en los musulmanes una parte del rostro total de Cristo.

La película Des hommes y des dieux se detiene en mostrar cómo vivían los religiosos la amenaza de la violencia que finalmente acabó con sus vidas.
El monasterio de Nuestra Señora del Atlas se había despojado de sus riquezas, había donado casi toda su tierra al Estado, compartía su gran jardín con el pueblo vecino. Los monjes habían hecho una elección de pobreza: también en el sentido de abandono total a la voluntad de Dios y de los hombres.  Esta película que ahora se estrena en España triunfó en Cannes y ahora triunfa en las taquillas de todo el mundo. Estamos ante un nuevo ejemplo de película sobre la generosidad que supera el “conflicto” de civilizaciones.


El prior trapense Christian de Chergé dejó plasmada su fe y amor a Cristo y a su Iglesia en una carta conocida como su “testamento espiritual”, fechada el 1 de enero de 1994.
El escrito comienza expresando que “si un día me aconteciera –y podría ser hoy– ser víctima del terrorismo que actualmente parece querer alcanzar a todos los extranjeros que viven en Argelia, quisiera que mi comunidad, mi Iglesia, mi familia, recordaran que mi vida ha sido donada a Dios y a este país”.
“Al llegar el momento, querría poder tener ese instante de lucidez que me permita pedir perdón a Dios y a mis hermanos en la humanidad, perdonando al mismo tiempo, de todo corazón, a quien me hubiere golpeado”, dejó escrito el padre Christian de Chergé.
La carta concluye pidiendo “que nos sea dado volvernos a encontrar, ladrones colmados de gozo, en el paraíso, si así le place a Dios, Padre nuestro, Padre de ambos. Amén. Inchalá”. 

Sinopsis de la película
Un monasterio en las montañas del Magreb en los años noventa. Ocho monjes cistercienses viven en perfecta armonía con la población musulmana.
Un grupo de fundamentalistas islámicos asesina a un equipo de trabajadores extranjeros y el pánico se apodera de la región. El ejército ofrece protección a los monjes, pero estos la rechazan. ¿Qué deben hacer? ¿Irse, quedarse? A pesar de la creciente amenaza, empiezan a darse cuenta de que no tienen elección y deben quedarse, pase lo que pase. La película se basa a grandes rasgos en la vida de los monjes cistercienses del Tibhirine, en Argelia, desde el año 1993 hasta su secuestro en 1996.
La desaparición de los monjes, atrapados entre ambos bandos, afectó profundamente a unos gobiernos, a la comunidad religiosa y a la opinión pública internacional.
La identidad de los asesinos y las circunstancias exactas de su muerte siguen siendo un misterio. El caso está en los tribunales franceses desde 2003. Algunos documentos recientemente desclasificados quizá ayuden a despejar el misterio en los meses venideros.

3 Respuestas a “Cine que hace reflexionar III

  1. Cuenta Peio Sánchez
    Estamos ante uno de los mejores estrenos del cine espiritual reciente. Curiosamente viene de la laica Francia y tanto en Cannes, donde obtuvo el “Gran Premio” de la última edición, como en las salas ha sido un éxito rotundo que hace pensar en el profundo deseo de Dios que nos sigue acompañando a los seres humanos.
    La vida de los monjes en medio de un pueblo de mayoría islámica nos presenta su convivencia y vecindad en medio de la pobreza y las tensiones políticas que se abaten sobre Argelia. La cercanía y el servicio a las personas había convertido el monasterio en una presencia necesaria para el diálogo y la prevención de la violencia. Sin embargo, el avance del fundamentalismo, por una parte, y la represión policial, por otra, marcan una espiral de destrucción imparable. Pronto los monjes se ven enfrentados a una decisión radical:salir para salvar la vida o permanecer asumiendo el riesgo de una muerte inminente.
    La presentación del proceso de cada uno nos descubre su humanidad, sus miedos y sus motivaciones profundas. Todos ellos son muy distintos, desde Luc (Michael Lonsdale), el médico ya curtido en mil dificultades; Célestin (Philippe Laudenbach) , antiguo educador de marginados y ahora hospedero; Christophe (Olivier Rabourdin), de profesión agricultor y el más joven del grupo; Amédée (Jacques Herlin), el más anciano o Cristian (Lambert Wilson), el prior, profundo conocedor de la lengua árabe y de la religión islámica. Pero todos ha de enfrentarse a una decisión compartida. Cada uno de los monjes se ha de situar personalmente y entre ellos se ayudan a ese camino de libertad.
    Los motivos para salir son muy sensatos. Los motivos para quedarse son la fidelidad a sus amigos argelinos y la convicción en que Dios sembrará la reconciliación.
    Su última cena, en una secuencia magistral e inspirada, será una epifanía musical y silenciosa de su disponibilidad en primeros planos para creer en que Dios saca lo mejor de cada ser humano, de cada rostro.

  2. Monje trapense que sobrevivió a masacre de Argelia reza por conversión de asesinos
    MADRID, 17 Ene. 11 (ACI).- El hermano Jean Pierre Schumacher es uno de los dos monjes que salvó de morir en la masacre de Thibirine (Argelia) en 1996 y que no ha dejado de rezar por la conversión de los extremistas mulsulmanes que asesinaron a siete miembros de su comunidad.
    El religioso concedió una entrevista al semanario español Alfa y Omega con ocasión del estreno de la película “De dioses y hombres”, ganadora del último Festival de Cannes, que narra el secuestro y asesinato de los siete monjes trapenses de Thibirine.
    El hermano expresa su satisfacción por la película porque en su opinión “expresa muy bien el mensaje de lo que hemos vivido”.
    El monje –que hoy vive en un monasterio trapense de Marruecos- salvó de morir porque los secuestradores no lo vieron.
    La noche del 26 de marzo de 2006 cuando unos veinte hombres armados irrumpieron en el convento, él “era el portero y responsable de la puerta principal. Ellos entraron por la puerta de abajo, tomaron al guardia del monasterio y le obligaron a llevarlos a todos a las celdas de los hermanos”.

    Recuerda que los trapenses de Thibirine eran “una comunidad contemplativa. Teníamos poca vida social, trabajábamos en el campo y en la huerta” pero se llevaban bien con sus vecinos musulmanes.
    “Estábamos en la montaña y las relaciones con ellos eran muy buenas, muy fraternales. Éramos como una familia. El monasterio era de clausura, pero había un portero que recibía a la gente. Asistíamos a actos religiosos y entierros, lo que quería la gente. Teníamos muy buenas relaciones con ellos”, agrega.
    “Teníamos una pequeña asociación para cultivar la huerta junto a cuatro padres de familia que trabajaban con nosotros. Cada uno tenía un pequeño terreno asignado y vendía sus productos. Al final del año, repartíamos los beneficios. Era una bonita forma de vivir juntos formando una familia. No hablábamos mucho de religión, pero teníamos entre nosotros muy buenas relaciones y, a través de ellos, nos comunicábamos con sus familias”.
    Aunque duda eque sus vecinos fueran musulmanes fundamentalistas, el hermano Jean Pierre explica que “estábamos en plena montaña y la montaña estaba ocupada por los islamistas. Por eso estábamos indefensos”.
    Cuando la situación se volvió peligrosa por el avance de los grupos extremistas, los monjes decidieron no abandonar el monasterio porque su vocación era “estar con ellos y compartir su vida”.
    El religioso asegura que en Argelia había “una buena relación entre cristianos y musulmanes. Si hay una dificultad entre diferentes culturas y religiones es porque no nos conocemos bastante. Cuando nos conocemos mutuamente, somos como hermanos”.
    El hermano Jean Pierre afirma que reza “para que el espíritu de Dios actúe en ellos. Para que evolucionen hacia la fraternidad universal; para que, a pesar de las diferencias entre las religiones, las nacionalidades y las culturas, aprendamos a conocernos y a ayudarnos mutuamente”.
    Está convencido “que hay que perdonar. Dios nos pide amarnos los unos a los otros. Al leer el testamento del padre Christian, nuestro Prior, verá cómo termina, va muy lejos: perdonando al que le ha matado”.

    “De dioses y hombres”
    La película “De dioses y hombres” obtuvo el Gran Premio del Jurado de Cannes de la 63ª edición del festival de cine y que narra los tres últimos años de vida de los monjes franceses del monasterio de Nuestra Señora del Atlas en Tibhirine, secuestrados y decapitados por miembros de los Grupos Islámicos Armados (GIA).

  3. Son curiosas y orientativas las calificaciones que otorga “Cine 21” a este film sobre un máximo de “5” puntos: en Acción, Risas y Sexo, un “0”. En Violencia, un “1”. En Lágrimas un “3”. Y en Amor un “4”. Dicho de otra manera: que es una película seria, pausada, espiritual, de amor, de amor trascendente… Su duración es de dos horas.

    El abad, padre Christian de Chergé, da las gracias a su futuro “verdugo” y le abraza como hermano y como amigo:

    “Y a ti también, amigo del último instante, que no habrás sabido lo que hacías. Sí, para ti también quiero decir este “gracias”, y este ‘A-Dios’ en cuyo rostro te contemplo. Y que nos sea concedido reencontrarnos como ladrones felices en el paraíso, si así lo quiere Dios, Padre nuestro, tuyo y mío. ¡AMÉN! IM JALLAH!”
    El momento más impactante acaso de la película haya sido cuando, reunidos en el refectorio, brindan con vino mientras escuchan El lago de los cisnes de Tchaikovski. La cámara se va deteniendo, con primerísimos planos, en el rostro de cada uno, impresionantes actorazos con un perfil psicológico muy definido. Y en esa delectación voyeurística de la cámara se relaja el contemplativo monje y sonríe pascualmente.

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