La cruz símbolo de concordia y perdón

El Estado es aconfesional, y todo lo que tiene que ver con su organización y acción política así lo es. Es decir, es neutral, desde el punto de vista de las religiones y las cosmovisiones; pero la sociedad civil es libre para ser “lo quiera ser” en su pluralidad de ideas e iniciativas, religiosas o no.
Todos somos sociedad civil. Las Iglesias también son sociedad civil. Cualquiera en la sociedad civil tiene derecho a defender democráticamente lo que considera bueno para la sociedad. El cauce democrático dirá si es posible y cuándo.
Las religiones, tienen derecho a una presencia pública, en la vida civil, y a desarrollar iniciativas en todos los sectores, como los demás ciudadanos.La moral de cada ser humano no puede ser impuesta por nadie. La Iglesia Católica tampoco impone moral alguna, propuesta alguna, sí propone. Y lo hace así porque defiende la libertad, no quiere que nadie les imponga una cosmovisión determinada, y defiende la igualdad de todos ante las leyes. El cierre de El Valle de los Caídos es un gesto que lesiona las libertades.

El Estado es neutral, pero no es neutro o indiferente, y menos beligerante contra las religiones o cosmovisiones que una sociedad manifieste, sino que las respeta en el juego democrático, sean religiosas o no, y se nutre de sus aportaciones.Aconfesional o laico es el Estado y toda la vida política que lo explicita; y libre, plural y democrática es la sociedad civil. La sociedad (los ciudadanos) no son aconfesionales.El respeto a los símbolos religiosos es un indicativo de madurez democrática, tolerancia y ejercicio de la libertad.

5 Respuestas a “La cruz símbolo de concordia y perdón

  1. Cualquier persona, en un país libre, es libre para manifestar su fe en cualquier ámbito, igual que es libre para manifestar sus teorías u opiniones científicas o culturales. Sostener que la fe debe encerrarse en la vida privada es una actitud típica de un laicismo dogmatista, al que no le interesa que la religión aparezca en el debate público (además, ¿habría que prohibir escribir en los periódicos sobre religión? ¿Quién decide lo que es público y lo que es privado?). Que la fe deba encerrarse en lo privado (¿en la conciencia?, ¿en casa?, ¿en una cárcel?) es un prejuicio que va contra el sentido común y la libertad religiosa.

    Algunos buscan excluir de la esfera pública las creencias religiosas, relegarlas a lo privado, objetando que son una amenaza para la igualdad y la libertad. Sin embargo, la religión es en realidad garantía de auténtica libertad y respeto, que nos mueve a ver a cada persona como un hermano o hermana. Es preciso plantear en la plaza pública los argumentos promovidos por la sabiduría y la visión de la fe. No hay que tener miedo a servir a través de la política. La sociedad actual necesita voces claras que propongan nuestro derecho a vivir, no en una selva de libertades autodestructivas y arbitrarias, sino en una sociedad que trabaje por el verdadero bienestar de sus ciudadanos y les ofrezca guía y protección.
    Excluir a Dios, a la religión y a la virtud de la vida pública -indica con frecuencia el Papa Benedicto XVI– conduce finalmente a una visión sesgada del ser humano y de la sociedad y por lo tanto a una visión “restringida de la persona y su destino” (Caritas in veritate, 29).

    Sin la religión, la razón puede ser manipulada por las ideologías y acabar atentando contra la dignidad humana; de manera que “la religión no es un problema que los legisladores deban solucionar, sino una contribución vital al debate nacional”, dice el Papa.

  2. El Valle de los Caídos es un complejo monumental, construido después de la Guerra civil y en donde están enterrados muchos de los muertos en uno y otro bando. Asimismo está enterrado José Antonio Primo de Rivera y Francisco Franco.

    Hasta hace dos años, cada 20 de noviembre, día de la muerte de Franco, se celebraba una Misa en honor a todos los caídos de la Guerra Civil. Después la aprobación de la ley de memoria histórica, la Eucaristía fue trasladada al 3 de noviembre “precisamente para marcar su carácter religioso” y no político.
    ¿Cuál es el interés para el cierre del Valle de los Caídos?. ¿Retirar todo símbolo que recuerde el franquismo?

    En el caso del Valle de los Caídos, la ley de memoria histórica señala que se rige por las normas aplicadas a los lugares de culto y cementerios públicos.
    Si es así, ¿se está incumpliendo -con el cierre- la legislación?. Las Misas no son actos políticos ni exaltan la Guerra Civil, sus protagonistas, o el franquismo.

  3. Una misa y un símbolo de libertad
    El domingo día 14 de noviembre en la entrada a la Basílica de El valle de los Caídos. Una Misa y, también, un símbolo de libertad.
    En este vídeo, dispones de la homilía pronunciada durante el Oficio, en la que animó a seguir resistiendo de manera pacífica y silenciosa los ataques de los enemigos de la libertad.
    Pincha en el siguiente enlace para ver el vídeo:
    http://www.hazteoir.org/firma/34094-firma-100-000-mensajes-monjes-valle-caidos-y-libertad-religiosa-en-espana

  4. creo que cada uno debe hacer lo que le parezca y defender tus derechos dentro de del respeto a los demás ya que puede que los que nos rodean no piensen lo mismo que nosotros y al actuar por nuestro propio interés les agamos daño o podamos causar varios conflictos y debemos aportar buenas razones para que nuestros deseos se realicen ….

    aay profe me quedo genial positivo 🙂

  5. Escribía Luis Díez Tejón en “El Comercio” de Gijón

    L a tosca campaña de laicismo militante alentada desde ciertos estamentos del poder, y que en algún medio televisivo ha alcanzado perfiles verdaderamente grotescos, está sirviendo para provocar el efecto contrario. Conozco a personas que han perdido la fe y se declaran no creyentes, pero que se han vuelto a poner una cruz al cuello, no como afirmación religiosa, sino como proclamación de su identidad cultural.
    La religión, es bien sabido, pertenece a los espacios más íntimos de cada persona, porque en definitiva se trata de una relación con la divinidad que sustenta toda su vida espiritual. El conflicto surge de la ignorancia de confundir el concepto de la religión como creencia, con las consecuencias que ha generado. Es decir, sus componentes doctrinales con su calidad de elemento insoslayable de la cultura. Toda religión tiene unas bases dogmáticas, que son las que sustentan la fe de sus creyentes, pero de ellas surge un hecho cultural que nada tiene que ver con las convicciones trascendentes. Lo primero pertenece al ‘animus cordis’, y no debe ser susceptible de imposición, pero lo segundo resulta de una necesidad absoluta para no traicionar la conciencia colectiva, porque en este hecho cultural está inmersa, quiera o no, toda la sociedad de su ámbito, independientemente de sus creencias íntimas. Puede uno tenerse por ateo y estar orgulloso de pertenecer a la cultura cristiana, del mismo modo que se puede sentir plenamente identificado con la cultura griega y no creer en Zeus o Afrodita.
    De los preceptos que emanen del sistema de creencias dependen tanto la categoría de sus realizaciones culturales como los valores morales de la sociedad en la que influye. La cultura occidental, tanto en su primera etapa grecolatina como en la segunda, con el cristianismo, está impregnada hasta sus raíces del hecho religioso, y quien lo ignore no podrá comprender ni un cuadro, ni una obra literaria, ni un monumento, ni una pieza musical, por lo menos hasta el siglo XIX. Esa abdicación supondría la negación de casi todo. Confundir la fe, un acto íntimo y personal, con sus consecuencias externas, es una propuesta tramposa que no cabe aceptar.
    El hecho innegable es que todos pertenecemos a un ámbito cultural surgido a partir de una religión, porque la religión está en el origen de toda civilización y se constituye en su elemento aglutinador. Si renunciamos a nuestra identidad cultural sólo nos quedará el vacío, y otros, mucho más convencidos de sí mismos, se apresurarán a llenarlo. De hecho ya lo están intentando.

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